miércoles, 29 de septiembre de 2010

Una de cal y otra de arena

asi es la vida.
Ayer una mamá perdió a su hija, como tantas madres anónimas, ella comenzará a recorrer el dolor mas profundo que puede sufrir una mujer.

Hoy te hablo a vos, de madre a madre, dolientes ambas. No nos une nada y nos une todo porque el dolor que hoy sentís lo arrastro yo hace doce años.

No hay consuelo, nada secará tus lágrimas, nadie tendrá las palabras justas, que alivien tu pena.
Ahora vendrán días mas duros que ayer y que hoy. Dificiles de soportar.
Es cuando se empieza a notar la ausencia. Ahora estas como en un sueño, segura que vas a despertar, que se va a abrir la puerta y veras su carita sonriente. Que sonará el telefono y escucharás su voz.
Poco a poco irás notando que nada era un sueño y que todo era una dolorosa realidad. Tendrás tiempos vacios, te sobrarán horas. Las noches se confundirán con los días.
Querrás estar sola, que nadie interrumpa tu llanto, no ver a nadie. Buscarás las pequeñas cosas que te la recuerden y pasarás horas acariciando sus cosas, sus fotos.

Y está bien. Ese es el camino para el duelo. Es natural: un duelo... duele. Tiene que doler.
Y te duele el alma nunca mas literalmente dicho. Y te moris con cada lágrima.

Hoy tenés la sensación puntual de "nunca más": nunca más reiremos, nunca más respiraremos a pleno, nunca más saldrá un canto desde nuestros labios...

Hay que permitirse, estar turbada y confusa, incinerarse por dentro, y tirar fotos y papeles, y guardar lo guardable, y enojarse, y encerrarse, y salir, y volver a encerrarse...
Pero hacer lo imposible (y pedir ayuda si es necesario) para que una parecita interna permanezca sobria, exenta de la negrura, recordándonos, desde en algún lugar recóndito, que la Vida reclama su continuación en nosotros, aunque no sepamos cómo hacerlo.

La Vida misma te lo irá diciendo. Te lo dice de las maneras mas extrañas e inesperadas.

No olvidarás jamás, no lo superarás jamás. Solo aprenderás a convivir con el dolor.

Morir:
no es cerrar los ojos
porque llegó la noche final
sino bajar los parpados
para no ser encadilados
por la luz de un amanecer.
No es cruzar las manos
porque llegó el final de la tarea,
sino descansarlas un poco,
porque pronto comienza la tarea definitiva.
No es detener los pies
porque acabó el camino
sino darles un descanso
para estar de pie mañana.
No es callar la voz
porque llegó el silencio eterno,
sino darle un descanso
porque mañana habrá que amanecer cantando.
No es finalizar la marcha en la oscuridad total,
sino cruzar el tunel hacia la luz total;
no es sufrir la ultima desilución
porque todo acaba
sino vivir la esperanza porque todo empieza.
No es dejar de amar perdiendo todo el amor vivido,
sino encontrar por fin el amor definitivo.
No es morir para siempre,
sino comenzara a vivir de otro modo para siempre.
P.René Trossero

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