lunes, 18 de abril de 2011

La ultima estación

He vivido tanto y tan intensamente que jamás imaginé sentirme  abrumada por la soledad. Me quedan solo cicatrices y perlas de aquellos tiempos.  Las perlas son mis hijos Micaela y Emiliano, mis ángeles, Lautaro y Augusto; mis raíces, el recuerdo permanente de mi madre y la historia casi mítica de mi padre, mi infancia y adolescencia en el sur, los buenos vínculos que a través del tiempo logré establecer y mantener, los afectos, el amor. Dulces recuerdos.

Las cicatrices, las del cuerpo, me dicen que he dado vida; las del alma…, esas duelen, no terminan de cerrar, supuran dolor. Lejos de enseñarme, me obligaban a examinarme interiormente día tras día. Hoy tengo miedo.

La psicología transpersonal lo compara con aquel miedo que hace que  la cría del canguro se esconda en la marsupia de su madre hasta que ella contrae los músculos impidiéndole que vuelva a entrar,  como indicándole que llegó la hora de enfrentar la vida.
Me he refugiado en distintas marsupias durante toda mi vida y ahora sé que tengo que caminar el trayecto final en soledad, ya no hay asilo, ya no hay refugios. 
Debo buscar dentro de mí, mi propia vida o lo que queda de ella, esa, que a pesar de todo, quiere ser vivida.
Encontrarla es un desafío, implica renunciar a toda marsupia: (esos refugios  que se imponen socialmente como pautas de vida). “Desde lo incierto nace lo nuevo”
Me di cuenta que el mapa está dentro de uno, no en el refugio de nada ni de nadie. Hay que mirarse hacia adentro y buscar la persona que realmente hay en el interior de cada uno y no la que los demás  esperan que sea.
He sido hija, amiga, esposa, madre y en la curva de mi vida logró ser mujer.
La vida me llamó “mamá” y un amor tardío me llamó Su Ángel, y por estos dias escuché un “abuela” tímido y dulce;  son los rótulos que mas amo y con ellos me quedaré hasta el final.

Me veo parada en el andén de  la última estación de mi vida y siento que tal vez viajé en el tren equivocado;  Busco la manera de desandar el camino; me acomodó en el único banco de esta estación desierta, cierro los ojos, y me adentró en lo mas profundo de mi alma, recorro el corazón e inició el viaje interior tratando de recordar o quizá,  tratando de encontrar mis viejas  marsupias.




sábado, 16 de abril de 2011

El espejo

Abrí  los ojos cuando la luz del día se acomodaba en mi rostro,  por un instante me costó reconocer mi habitación, me hundí en la almohada negándome  al nuevo día. Nuevamente  había soñado y como tantas veces, al despertar, la realidad me dolía.
Giré en la cama buscando una posición que me permitiera continuar el sueño, pero la claridad se hacía mas insistente, desistí  del intento,  miré el cielo celeste claro, las nubes pasaban  y se esfumaban calmas; auguraban un día sin lluvia.
Me levanté, crucé  el pasillo, miré a mi hija dormida, caminé hacia la cocina preparé café, como siempre. Como una autómata bebí, casi sin sentir el placer de hacerlo.
Sin darme cuenta  fui al baño abrí la ducha y sentí como el agua corría por mi rostro y mi cuerpo borrando los rastros que aquel sueño había dejado; llevándose las lagrimas para  ocultar las  huellas de tristeza, es el  momento de mi catarsis, como cada mañana, me permito  ese instante de soledad, de intimidad, para llorar, simplemente llorar, sin explicaciones.

Cuando una mujer se mira en el espejo es como ese mimo que  persigue transeúntes gesticulando a su lado para sacarles una sonrisa. Lo hace por  distintas razones en todas las etapas de su vida. Probándose maquillajes, luego luchando contra el odioso acné, mas tarde las primeras arrugas o la idea de alguna cirugía reparadora, y cuando ya ni la cirugía puede reparar lo que muestra el espejo, solo  busca reencontrarse con el rostro de otras épocas.

Así, con los ojos húmedos de lágrimas aun, contemplé mi rostro, tratando de encontrar,  más que viejas expresiones,  aquel brillo que emanaba de mi alma  en otros tiempos. Cuanto  dolor y cuanta dicha había en ese reflejo.
Acaricié mi rostro y mirándome a los ojos, tímidamente me dijo: “deja ya de buscar respuestas, porque todas las respuestas están en el  espejo, estas envejeciendo, ….”